Perspectiva – Por Juan José Herrera (La Crónica)

0
51

En los últimos días creció como la espuma, desde el ámbito de la rumorología (en el que por cierto a veces solemos entramparnos), la especie de que la incidencia de mayor violencia en Hidalgo tiene que ver con el reacomodo de fuerzas delincuenciales a escala nacional.

Lo cierto es que la presencia de ilícitos parece ir en aumento, no sólo en la capital hidalguense sino también en otras regiones donde antes ni siquiera era factible, lo que produce una acepción de inestabilidad.

No sólo preocupa ahora el robo de combustibles a los ductos de Pemex o el hurto de autopartes y a casa habitación, sino la posibilidad de quedar en medio de alguna balacera o ser asaltado a plena luz del día y en calles y zonas donde reinaba la paz hace no tanto.

En breve será solicitada la comparecencia del titular de la Secretaría de Seguridad Pública de Hidalgo (SSPH), Mauricio Delmar, con el fin de que explique las estrategias que el gobierno estatal, en conjunto con los municipales, realiza para frenar el avance de grupos criminales.

No obstante, también en dicha tarea son los medios de comunicación parte fundamental de la percepción negativa sobre el tema (sin apologías innecesarias), sobre todo con la rapidez en que determinadas noticias circulan hoy a través de redes sociales y espacios virtuales, lo que no siempre representa un acierto pues en la búsqueda de la primicia también hay riesgos.

El tema da para mucho más, incluso ante la generación de cierto escozor en algunos reporteros y reporteras que hoy dicen temer por la seguridad del gremio en Hidalgo, contagiados de los recientes hechos en Sinaloa, y quienes de alguna manera demuestran su sentir ante la falta de certidumbres y la duermevela de autoridades que supuestamente deberían mantenerse más que activas ante abusos y violaciones a garantías, por ejemplo la Fiscalía de Atención a Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión y Periodistas del estado, cuyo trabajo es indescifrable, por no decir inexistente e inservible desde su creación, amén de una ley que no termina por entrar en vigor.

La realidad y las formas de observarla son hoy quizá muy distintas, mas no por ello debe abandonarse a su suerte y dejar que la entidad se transforme en un tiradero de cadáveres o en un estado de excepción que llegue incluso al estado de sitio, a fin de cuentas tal vez sólo se trata de una estrategia políticoelectoral que puede recrudecer o menguarse ante la llegada de 2018. A ver…

Por Juan José Herrera, La Crónica

No hay comentarios

Dejar respuesta